La expectativa en el salón de
entrevistas se podía sentir en el aire. A pesar de la jornada los
periodistas conservaban el buen ánimo y la camaradería compartiendo notas y
chistes comunes mientras sus respectivos productores y equipo técnico ensayaban
encuadres, entradas y se regalaban consejos entre ellos sobre el cómo manejar
el ego de alguna Diva particular. Los empleados del recinto se recostaban
inclinados sobre las paredes laterales de yeso de la sala; cruzados de brazos,
intentaban conciliar el sueño infructuosamente a causa de la alerta frecuente y molesta del chirriar
seco y metálico proveniente de las sillas de aluminio barato agrupadas en
improvisadas filas cuando estas chocaban contra el piso de granito sin pulir.
Las 1:45am marcaba el reloj del
teléfono de Jamal, al menos esa era la hora la última vez que la chequeó; se le
notaba claramente impaciente sentado en el borde de la silla, algo alejado de
sus colegas y recurriendo por enésima vez a sus apuntes. Un perfeccionista para
algunos, para otros un obsesivo-compulsivo de manual.
Las luces blancas de los
reflectores incrustados en el techo de la pequeña tarima irradiaban con la
precisión de un láser penetrando retinas en una intervención quirúrgica; el
silencio y el tono aséptico de la pequeña sala solo ayudaban a las corrientes
de aire frío del sistema de refrigeración forzada a reafirmar esa atmósfera de
hospital, de sala de operaciones lista a ser usada con la banal cotidianidad
que ameritaba el caso.
El Gerente de medios —fiel a su
estilo— entró centelleando por la puerta lateral derecha de la sala con el paso
nervioso y alargado que le caracterizaba. No solía saludar a nadie en su camino
hacia los micrófonos apostados en la mesa de entrevistas, ni siquiera a viejos
conocidos ni a ex compañeros acumulados en los tantos años cubriendo con honradez
el medio. Su intención primordial era el llegar lo más rápido posible a los
micrófonos, comenzar la condenada entrevista y esperar estoicamente de pie a un
lado del entrevistado hasta que terminara la rueda de prensa y poder así marcharse
a su casa a dormir de una buena vez.
Luego de testear los micrófonos
prosiguió inmediatamente y sin pausas a postular las pautas y directrices de la
entrevista: Era una sesión de preguntas y respuestas, una pregunta por
corresponsal, la brevedad era una virtud a agradecer en las mismas y después de
garabatear en su libreta de bolsillo el orden de los interrogadores se tomó un
inusual y prolongado momento para dejar en claro lo falto de tacto e inoportuno
que resultaría el traer a colación todo el asunto de evasión fiscal en el que
estaba envuelto el potencial entrevistado. Con paternal interés nos remarcó el por
qué ese tipo de preguntas tan fuera de lugar condicionan al entrevistado, lo
meten en modo defensivo y para todos los involucrados se convierte en un
incordio difícil de tragar.
***
Joe Colantonnio se asomó
juguetonamente y con delicadeza por la misma puerta derecha, asomaba la cabeza
y con ella gesticulaba gratos saludos apuntando su mentón hacia arriba y
arqueando las cejas. Buscó intermitente por la sala hasta que dio con el
productor de la cadena con la cual tenía contrato de exclusividad y con un
amable gesto de manos dejó en claro que dicho encuentro se iba a posponer,
hasta quien sabe cuándo, dedujo Walters por como el jugador se encogía de
brazos después de que este le preguntase por su disponibilidad mientras se
despedía este con un pícaro guiño dirigido a una pequeña y voluminosa pelirroja
sentada entre los periodistas y la cual, le devolvió el gesto con una sonrisa
cómplice que denunciaba indudablemente: “Tu, tú no tienes remedio”.
Batista entró con señorío por la
misma puerta derecha, saludaba batiendo enérgicamente sus gruesos brazos en
gestos abiertos con sus manos y se tomaba el tiempo de señalar a algún conocido
entre los espectadores como suelen hacer los políticos consumados; incluso si
no conocen a nadie en la multitud, incluso si no hay multitud a la cual
saludar. Adrián Batista, el capitán, se notaba tranquilo y satisfecho. Un poco
cansado quizás.
***
—¿Qué se dice, mi gente? —Exclamó
con todo el swag caribeño que le cabía en el cuerpo el fornido mulato mientras
con una mano acomodaba la diminuta silla y con la otra gentilmente toqueteaba
la punta del micrófono para cerciorar su buen funcionamiento—. ¿Se divirtieron
hoy? —Remató Batista visiblemente más cómodo luego de aposentarse y beber un
sorbo de la botella de bebida energética estratégicamente colocada en la mesa—.
El Gerente de Medios fijó su
vista en su muñeca y con un gesto que denotaba algún intento de llevar un registro
cronometrado del evento, con sus dedos en el reloj, señaló al afro-americano el
comienzo de la rueda de prensa.
—Jamal Williams, del Detroit Matutine. ¿Tus
primeras impresiones de este quinto partido ya finalizado?.
—Positivas… ganamos… —respondió
con tono socarrón el isleño el cual luego de un par de segundos en silencio y de
leer el lenguaje corporal del periodista que pedía a gritos un desarrollo más
exhaustivo de su respuesta, continuó—. Todo el equipo estuvo increíble, los
muchachos a la ofensiva atacaron cuando debían de hacerlo y la defensa hoy se
lució y mantuvo a raya al rival. Tuvimos algunos pasajes irregulares en el
transcurso del juego pero pudimos corregir sobre la marcha y el tener esa
virtud siempre es importante en este tipo de serie.
El reportero de Detroit –nacido y
criado-, no pudo evitar sentirse insatisfecho cuando la atención de Batista
ante una plausible y corta segunda pregunta de su parte se vio truncada ante la
familiar voz aguda y dulce de la periodista Clarissa Dalembert cuando este
volteó a buscarla irremediablemente con una sonrisa en su cara.
—Clarissa Dalembert, del St. Louis Tribune. ¿Están
conscientes de que si ganan el próximo juego serán el primer equipo en la
historia de las ligas profesionales del país en remontar una desventaja de 0-3 y
forzar un posible séptimo juego en una serie por el Campeonato?—. Terminó la joven
mujer con ese suave acento que descansaba apacible sobre las últimas silabas de
sus palabras.
—Hola Clarita, ¡Felicidades!, te
nos casaste. Encarrilame a ese muchacho por favor.
—¡Gracias!, lo haré. —Respondió
ruborizada y algo apenada la ahora señora de Colantonnio—.
Batista prosiguió con la
formalidad luego de una breve risa distendida y general.
—Pues, desde ayer lo venimos
escuchando de ustedes y la verdad, el equipo no le da tantas vueltas al asunto
y nos enfocamos al cien por ciento en hacer las cosas dentro del campo de juego
y lograr los resultados un partido a la vez. —Adrián de la Santísima Trinidad
se tomó una pequeña pausa luego de un corto sorbo de la sustancia de color
verde fluorescente para estructurar su siguiente oración— Obviamente todo ese
asunto te da un plus a la hora de motivarse y competir con el cuchillo entre
los dientes pero al final todo se basa en los resultados… en lo que hacemos y
dejamos de hacer en el campo. —Remató claramente satisfecho el capitán—.
—Keith Walters, New York Journal. ¿Crees
que la polémica suscitada con la decisión arbitral en la última jugada del
juego pueda condicionar negativamente el resto de la serie?.
—Perdón, ¿puedes repetirme la
pregunta?.
—¿Si crees que la última jugada y
las expulsiones ocurridas después de la misma pueden condicionar el resto de la
serie?. —bufó claramente fastidiado el reportero—.
—No creo…. Hay que tener en
cuenta en que los árbitros son humanos y cometen errores como todos nosotros,
ellos salen al campo a hacer lo mejor que pueden con lo que tienen, y con
respecto a las expulsiones: No te me preocupes Clarita que Coloncito nos
acompañará el domingo sí o sí.
—Última pregunta. —Dijo apurado
el calvo Sr. Fincher, Gerente de medios, intentando mantener la rectitud de la
entrevista—.
—Claudio Torres del Bostonian.
¿Expectativas para el juego de mañana? y…
—De hoy.
—¿Cómo, disculpa?
—El juego es hoy a las 7:30 pm…
tengo entendido. —Dijo entre risas Batista—.
—Es verdad… y con lo referente a…
—No te me duermas, gallito, ¡que
ya vamos a terminar!. —Dijo aun entre risas más sueltas, el bateador designado
y a veces, si la situación lo ameritaba, primera base del equipo—.
—Jejeje… si bueno… te decía de
las expectativas del juego que viene y te quería preguntar, en el marco de tu
carrera, ¿Qué tan importante ha sido esta serie para ti?. —Concluyo el Gallo
Claudio, un sobrenombre que corría como pólvora entre todos los jugadores
latinos de la liga y que a regañadientes el susodicho aceptaba si este le
permitía algún tipo de cercanía con los mismos—.
—La expectativa es ganar, no hay
otra. Y con respecto a la segunda pregunta, creo que es la serie más importante
de mi carrera y definitivamente la última, así que doblemente importante.
—Luego de una pausa introspectiva, batista cortó los murmullos que comenzaban a
resonar en el salón con su honda voz algo entrecortartada—. Sin dudas de que
este par de juegos que faltan van a ser los que más recordaré… Sin duda.
—Bueno, ilustres colegas. La
entrevista ha terminado, gracias por su tiempo y sus preguntas. Agradecemos a
Batista por la gentileza. Nos vemos mañ… quiero decir, hoy.
—Gracias a ti, loco. Manejen con
cuidado. Descansen, mi gente.
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